Marta Loría: La capitana del voleibol de Cartago

Por: Adriana Suárez.

Hablar de voleibol en Cartago es sinónimo de Marta Loría Chaves. Es indispensable una persona que construya las bases y así crezca el amor y la pasión por el deporte y ella se ha encargado de cumplir ese rol. Año tras año su nombre ha ido creciendo en su pueblo como la pionera de este deporte.

Conoce el sentimiento de euforia que provoca mirar un video de motivación deportiva, esa sensación que eriza la piel y dan ganas de correr o empezar una actividad física? Exactamente ese efecto es el que causa conversar y escuchar la historia de vida de Marta.

El reloj marcaba las 8:20 un martes por la noche en el polideportivo de Cartago. “Martita”, como es de costumbre llamarla, iba saliendo de una reunión de la Asociación de Voleibol de Cartago, en el cual tiene el puesto de presidenta. Gentilmente aceptó la propuesta de abrirse y contar la trayectoria de vida que la llevó a ser la “Martita” que muchos conocen en el “poli”.

Aunque su nombre es conocido en el mundo deportivo cartaginés, su vida en sí no es un tema público. Detrás de esa imagen trabajadora y colaboradora que proyecta, existe una pequeña brecha de información, ¿quién verdaderamente es “Martita”?

“Tuve una profesora de educación física, Elizabeth Jiménez,  quien fue mi modelo a seguir y me marcó mucho en mi vida en cuanto al deporte”, comenzó narrando con una gran sonrisa en su rostro sobre el inicio de su amor por los deportes.

(Izq) Marta Loría con el equipo mini de los ángeles que fue a CODICADER Honduras el año pasado. (Der) junto a su hijo que es seleccionado nacional de voleibol.
(Izq) Marta Loría con el equipo mini de los ángeles que fue a CODICADER Honduras el año pasado. (Der) junto a su hijo que es seleccionado nacional de voleibol.

Su deporte favorito siempre fue el baloncesto, sin embargo se vio obligada a dejarlo cuando llamó la responsabilidad y fue el momento de insertarse en la vida seria y laboral en el banco Bancrédito. Allí existía un campeonato informal denominado “Juegos laborales” y, como el baloncesto no formaba parte de estos juegos, Marta se unió al equipo de voleibol junto con sus compañeras de trabajo. Este fue el momento crucial en su vida: cuando dejó que el voleibol se adueñara de su mundo.

Para “matar fiebre”, creó su propio equipo de voleibol llamado ML, por las iniciales de su nombre. Para su sorpresa, el equipo pasó de ser recreativo a alcanzar un nivel de competencia que le permitió ingresar y formar parte de la segunda división del país. Junto a esta gran alegría que el voleibol le generaba, surgió también otro motivo de inmensa alegría para Marta. A sus 33 años, pasó lo que ella más había deseado desde hace ocho años antes: estaba embarazada de su primer hijo.

El embarazo no mermó su pasión por los deportes, sino que lo alimentó con más entusiasmo. “Seguí porque me apasionaba lo que hacía, entonces me convertí en tipo entrenadora”, mientras una carcajada interrumpe sus palabras.

Sacrificio es una cualidad que describe escuetamente cada una de las actividades que Marta realiza día a día. Con la llegada de sus dos hijos, Luis y Pamela, su vida pasó de trabajar en el banco a trabajar en la crianza de ellos. Incluso cuidaba a su sobrina, Ana Cristina, para que su hermana se dedicara al estudio. Por lo tanto, se transformó en una madre a tiempo completo.

Su pasión deportiva se convirtió en un virus familiar. Tanto así que su hijo Luis siempre estaba jugando fútbol, como casi todos los niños de once años. Queriendo seguir los pasos de su primo, Ana Cristina insistió en unirse a un equipo deportivo. Gracias a la cercanía del “poli” a su casa, Marta se acercó a las oficinas para obtener mayor información y allí fue donde descubrió que Cartago contaba con un equipo de voleibol infantil.

Contagiándose del entusiasmo de su sobrina, “Martita” se transformó en su madre sustituta al llevarla y recogerla de los entrenamientos y apoyándola en sus partidos. En aquel entonces, el entrenador de Cartago solicitaba mucha ayuda de los padres de familia y es aquí donde ella encontró la oportunidad de, indirectamente, formar parte de un nuevo equipo, pero esta vez desde la parte administrativa.

En ese momento, el entrenador Martín Rodríguez confió en las habilidades deportivas de Marta y poco a poco le asignaba pequeñas tareas directivas dentro del equipo. Fue, entonces, el inicio de su participación con los equipos de voleibol de Cartago.

Después de un tiempo, Marta y su familia pasaron por una pequeña pesadilla. Tras un asalto armado en su casa, ellos quedaron muy nerviosos. A fin de no dejar a Luis solo mientras ella, Ana y Pamela se iban al “poli”, Martín se ofreció a entrenarlo para ser jugador de fútbol y así acompañaba a su familia.

Bastó con asistir a unos cuantos entrenamientos y Luis quiso cambiar el balón de futbol por el de voleibol. “Esto unió más a mi familia porque ahora todos nos casamos con el voleibol”, afirma Marta al recordar este momento.

Gracias a tanto apoyo de la asociación de voleibol y a la gran dedicación de Marta, se convirtió en entrenadora oficial al obtener el certificado de Nivel Uno. Fue un gran sacrificio que valió la pena. Hoy día se ha alejado de aquel puesto dado que para su hija era difícil tener a la madre como entrenadora.

Marta ha recibido varios reconocimientos por su labor en el deporte de Cartago.
Marta ha recibido varios reconocimientos por su labor en el deporte de Cartago.

Sin embargo, esto no implica que se haya alejado del mundo del voleibol, todo lo contrario, la acercó más. Ahora ha alcanzado el puesto de mayor importancia en la toma de decisiones del voleibol cartaginés: es la presidenta de la Asociación de Voleibol de Cartago.

Dentro y fuera de la cancha, en diversas ocasiones se ve la gran pasión y amor que “Martita” tiene por el voleibol. Ya no es sólo su pasión y cariño hacia el juego, sino con cada uno de los integrantes de los equipos cartagineses. En cualquier momento en que alguien requiera de ayuda, es la primera en ofrecer colaboración.

Es, además, la primera persona en quien uno piensa en solicitar su ayuda por la gran voluntad y disposición que manifiesta hacia las personas. No es de extrañar que su nombre resulte tan familiar en Cartago.

Marta brinda un claro ejemplo de que con pasión, bondad y esfuerzo, se puede influir positivamente en la vida de muchos jóvenes. Pese a las adversidades y obstáculos, su amor al deporte le ha ayudado a sobrepasarse y continuar enamorada de lo que hace.

Más allá de sus incuestionables habilidades como mujer deportista, “Martita” es de esas personas con la mente abierta para ayudar en el día a día, dar consejos, incluso una palabra de aliento ante cualquier adversidad. Siempre elocuente en cada frase en el camerino que hoy no sirve únicamente para el deporte, sino que es una terapia de vida que se aplica en ámbito diario. Sólo queda decirle: gracias por todo, maestra.

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