Los Nublados del Día: “Vosotras, palomas vulgares me evocáis todas las cosas”

Kenneth Carpio Brenes, Sociólogo, Máster en Desarrollo Social Universidad Complutense de Madrid.
Kenneth Carpio Brenes, Sociólogo, Máster en Desarrollo Social Universidad Complutense de Madrid. Kcarpiob@gmail.com

Amables lectores, puede que muchos de ustedes recuerden que hace años el cuidado de mascotas era algo menos afanoso que hoy. Un asunto básico de pastillas para desparasitar, un envenenamiento se curaba con leche y la alimentación básicamente eran sobros de cocina. Buena cantidad de las mascotas de las casas formaban parte de la pandilla de perros del barrio, la diferencia en la vida de un perro de casa y uno de calle la hacía el lugar en donde dormía y si alguien se preocupaba por amarrarlo cuando habían campañas de avenamiento de perros. Eran pocas las familias en las cuales la vida de un perro tenía alimento especializado, control veterinario, cortes de pelo, ropa, talcos y todas las vanidades proyectadas que hoy el mercado sabe suplir, en favor de los dueños y sus mascotas.

No estoy reduciendo el tema del cuidado animal a un asunto de patrones de consumo, pero no hace muchos años los animales tenían una valía social menor. Hoy se habla de los derechos de los animales e incluso hemos pasado de las campañas de exterminio a que el pasado 14 de septiembre se anunciara la creación del Centro Municipal de Cuido de Caninos en Cartago.

En nuestro transitar por la evolución como especie humana hemos establecido diferentes relaciones con los animales, así tenemos animales para alimentación, trabajo y compañía. Pero de igual manera que tenemos relaciones positivas, también existen relaciones nocivas con especies que llamamos plagas, alimañas o pestes, como cucarachas, mosquitos, ratas, pulgas y demás bichos peligrosos para la salud.

Quiero parafrasear el famoso poema “Las Moscas” de Antonio Machado, para introducir el nublado que nos convoca hoy, inicio al decirles: “Vosotras, familiares inevitables golosas, vosotras, PALOMAS vulgares me evocáis todas las cosas”. Poca cosa diferencia a las paloma de las ratas, más que el valor estético o romántico. Las palomas se reproducen sin control, transmiten enfermedades, provocan accidentes y afectan el patrimonio arquitectónico con sus corrosivos excrementos, causan diferentes perjuicios que nos permitirían clasificarlas como una plaga. Por lo tanto, qué tenemos que hacer con ellas, debemos controlar su población, cuáles instituciones deben intervenir en el tema, será un asunto del Sistema Nacional de Salud Animal, del Ministerio de Salud, de la Municipalidad, los mismos vecinos o posiblemente de todos estos actores.

La Municipalidad ha instalado dispositivos sónicos que emulan aves de rapiña para ahuyentarlas, pero aun así esto es insuficiente. Hoy en día sería políticamente incorrecto matar a las palomas que hay en Cartago, pero entonces desde la perspectiva de salud pública no podemos obviar que reproducen sin control. Así bien, mientras en los parques y plazas nuestros niños juegan entre aleteos y zureos, plumas y cuiteos, el nublado de las palomas tendrá que aclararse.

 

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